Una oportunidad para repensar el futuro

Una oportunidad para repensar el futuro

En lo relativo al comercio exterior argentino, la pandemia vino a complicar un estado de situación que ya era difícil. Si bien con el correr de los meses el gran estancamiento inicial que se registró con la llegada del COVID-19 se fue normalizando, son muchos los problemas estructurales que afectan tanto a la dinámica de las exportaciones como de las importaciones.

Una oportunidad para repensar el futuro

Consultado por Énfasis Logística, Osvaldo Ávalos, Licenciado en Comercio Internacional de UADE y Presidente en Costa Libre, nos brinda su visión del presente y sus expectativas sobre la dinámica del comercio exterior argentino.

Énfasis Logística: ¿Qué tipos de operaciones vinculadas con el comercio exterior desarrollan en Costa Libre?

Osvaldo Ávalos: Nuestra empresa es un Estudio de Despachantes de Aduanas, que diversificó sus servicios para convertirse en prestador de un servicio integral en comercio internacional. Además del asesoramiento aduanero tradicional, colaboramos con nuestros clientes en identificar oportunidades, mejorar la logística internacional, reducir costos, implementar estrategias comerciales, gestionar depósitos y la distribución. Si bien somos un pequeño eslabón dentro de la cadena de suministro, sabemos de la criticidad que representa nuestra intervención para la gestión global de un sistema logístico integrado. Sobre todo en países como el nuestro, donde el exceso de celo en los controles y la permanente imposición de regulaciones cambiantes, hacen que debamos estar alertas y en constante adaptación. Adicionalmente, brindamos un servicio de Importador-Exportador, para minimizar los impactos impositivos, financieros y cambiarios que afectan al comercio exterior en este momento.

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É. L.: ¿Cómo ha sido la evolución de estas actividades en el transcurso de este año tan particular?

O. Á.: El comercio mundial de mercaderías ha sido seriamente afectado por la pandemia, por ende la evolución de estas actividades ha disminuido. En nuestro caso nos preparamos para una baja sustancial de las operaciones (menos de la mitad), ya que muchos rubros de nuestros clientes se vieron afectados seriamente por la baja del consumo. La incertidumbre generada por el inicio de la cuarentena, se sumó a la crisis económica que ya venía arrastrando nuestro país y el resurgimiento de medidas restrictivas en contraposición a los avances que se habían observado para la desburocratización de la administración pública y la facilitación del comercio a través del TAD y de la VUCE. Cabe aclarar que esta tendencia se extiende a nivel mundial, alentada por políticas proteccionistas y de seguridad, a medida que avanzan las hipótesis de conflictos de diversas índoles entre las principales potencias comerciales (China-EEUU).

La aceleración de variables económicas negativas en nuestro país, como son la inflación y el desdoblamiento cambiario, promovieron que muchos importadores se adelantaran a cancelar anticipadamente sus compromisos en el exterior y adelantaran el pago de compras de productos que se comercializan en dólares. Por su parte, los exportadores demoraron sus liquidaciones y retrasaron sus embarques. Esto generó momentos tensos y el BCRA se vio obligado a generar medidas para controlar este flujo. Luego, algunas medidas del gobierno nacional como la emisión monetaria y las imprescindibles asistencias económicas (IFE, ATP), permitieron aminorar la dramática caída del consumo. Esto sumado al aumento del comercio electrónico ha permitido sostener algunas actividades, frenando momentáneamente la brusca baja de las importaciones de insumos, bienes intermedios y pequeños bienes de consumo terminados. Lamentablemente los bienes de capital no han logrado frenar su caída.

En cuanto a nuestra actividad en particular, nos adaptamos rápidamente al nuevo contexto. Al principio se la consideró exceptuada y luego esencial, lo cual nos permitió continuar atendiendo las demandas de nuestros clientes y brindarles distintas soluciones a las dificultades que se iban presentando en cada una de las operaciones. Establecimos protocolos de trabajo adecuados para las circunstancias, tendientes a evitar contagios y preservar la salud. Si bien disminuyeron las operaciones, la caída no fue tan pronunciada y hoy se mantienen a un nivel que nos permite sostener el empleo y la calidad de nuestros servicios.

É. L.: ¿Cómo fue el comportamiento de las importaciones y las exportaciones?

O. Á.: Como mencionaba, ambas actividades se han visto afectadas y con un comportamiento a la baja, que según especialistas que se ocupan de analizar estadísticas hablan de una fuerte caída. De acuerdo al último informe del INDEC de Junio de este año, hasta el mes de mayo de 2020 ya se acumulaba una caída del 23% de intercambio total. Las exportaciones tuvieron una caída del 16%, mientras que el deterioro de las importaciones fue del 31%.

Las importaciones se ven afectadas por la baja del consumo en distintas actividades, las restricciones cambiarias, las restricciones económicas (hay una gran demora en la aprobación de las LNA), el incremento de los fletes, gastos bancarios, la falta de servicios, etc. Sin embargo el atraso cambiario sigue alentando las compras en el exterior, a la espera de que el consumo acompañe a medida que las actividades económicas se van abriendo. Por supuesto que hay que analizar sector por sector, pero las situaciones son muy dispares.

Las exportaciones se ven afectadas por la disminución de la demanda a nivel mundial, nuevas restricciones, los derechos de exportación, la alta presión impositiva, el tipo de cambio atrasado, el aumento de la burocracia y controles, los altos costos logísticos (transportes y depósitos fiscales principalmente), la falta de infraestructura y servicios, etc. Muchos de nuestros clientes tuvieron y tienen dificultades de toda índole.

É. L.: ¿Cuáles son las expectativas en el corto y mediano plazo en relación a la dinámica del comercio exterior argentino?

O. Á.: Nuestras expectativas en el corto plazo para las importaciones, es que por una parte vamos a enfrentar demoras en las aprobaciones de las LNA, mayores restricciones para los pagos al exterior y aumento de las operaciones con amparos y medidas cautelares. Por otra parte una mayor complejidad y mayores costos de los bienes y servicios, producto de la incertidumbre que generan las arbitrariedades en la administración del comercio internacional. En el mediano plazo, lamentablemente esto fomenta actividades ilícitas que tanto daño hacen a nuestro país y en particular a todos los operadores de comex. Si bien las importaciones no están prohibidas, ya se habla de la vuelta a sistemas compensatorios ficticios como se generaron en otras gestiones y que son totalmente ineficaces. Seguramente habrá un aumento de Partidas Arancelarias con Licencias No Automáticas y posiblemente se reactiven los Certificados de Importaciones para algunos productos considerados sensibles para industrias protegidas de poca o nula competitividad. Todas estas medidas causan mayores problemas y generan consecuencias contrarias a las deseadas, o peores aun. También es de esperar el aumento de aranceles en artículos como los de informática y otros bienes de capital.

En cuanto a las exportaciones, si en el corto plazo no se lleva adelante una rápida instrumentación de las medidas anunciadas para flexibilizar la presión impositiva, cuyos Decretos y Resoluciones ya están vigentes, pero que a la hora de los procesos sistémicos a través de AFIP no están aplicables para los operadores, el estancamiento y caída continuará pero agravada por la desaparición de varias PYMEX, que ya no tienen recursos para sostenerse. Sumado a esto, el retraso cambiario hace inviable la continuidad de muchas actividades cuyos insumos en dólares suben al ritmo del tipo de cambio oficial, e incluso de otros tipos de cambios disponibles, y luego reciben menos pesos por cada dólar por efecto de los derechos de exportación y la diferencia cambiaria.  La falta de financiamiento específico prácticamente ha paralizado muchos proyectos de exportaciones agroindustriales. También estamos percibiendo demoras en los pagos de los reintegros que muchas empresas exportadoras usan para compensar sus obligaciones impositivas, que a su vez, en muchos casos, generan incumplimientos e inhabilitaciones de los registros como operadores-exportadores. En el mediano plazo entendemos que se van a corregir estas situaciones y distorsiones, ya sea porque enfrentaremos una fuerte devaluación, tal como muchos analistas económicos avizoran para la post-pandemia, o porque realmente se apliquen medidas que promuevan las exportaciones. Esto último se ve más lejano.

No obstante en el largo plazo soy optimista de que de una vez por todas se aprendan las lecciones del pasado y realmente busquemos superar las dificultades de una forma innovadora y atendiendo realmente los desafíos del siglo 21. Entendemos que el acuerdo con los acreedores externos, cuyas negociaciones han finalizado recientemente, es una forma de reconectarse con el mundo, y para los operadores de COMEX brinda cierta tranquilidad para mantener las relaciones con proveedores y clientes menos tensas. También esto debería promover el acceso al crédito para las inversiones y las exportaciones, aunque sinceramente tengo serias dudas.

É. L.: ¿Cuál es su visión sobre la situación de los diversos países con los que se relacionan comercialmente?

O. Á.: Todos los países están atravesando la misma crisis. Las respuestas a nivel comercial, de cada uno de ellos, serán más o menos iguales. Ya hemos visto las reacciones que tuvieron al inicio de la pandemia con prohibiciones de exportaciones de algunos insumos relacionados a la lucha contra el covid-19, otras tendientes a evitar el aluvión de importaciones y a sostener el trabajo fronteras adentro. Por otro lado, se establecieron medidas más laxas, como la eliminación de intervenciones de organismos y la reducción de impuestos para la importación de elementos de protección, kit para testeos, etc., que han generado algunas oportunidades.

Es posible que proliferen más restricciones por medidas para-arancelarias. En el caso de los productos que tradicionalmente exporta nuestro país, los alimentos, ya hay países que están solicitando certificaciones inexistentes como COVID FREE. Entendemos que la OMC y las instituciones que corresponden, van a intervenir para evitar que esto se extienda y restrinja aún más el débil desempeño del comercio mundial de bienes. Hoy en día los principales socios comerciales del país, decidieron enfrentar la pandemia de forma muy diferente y esto repercute en las relaciones comerciales que cada día se vuelven más complejas y cargadas de incertidumbre.

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É. L.: ¿Desea comentar algo más?

O. Á.: La pandemia no hizo más que acelerar distintos procesos que se venían gestando. Pero más allá de los cambios positivos y negativos, de los cuales ya muchos especialistas han opinado, prefiero tomar estas últimas líneas para indagar sobre algunas cuestiones del comercio mundial de mercaderías. La primera de ellas es la vigencia de los acuerdos y marcos regulatorios que fueron creados hace muchísimo tiempo, como los acuerdos de Bretton Woods (1944), hoy carecen de total efectividad. Luego, la OMC, creada más recientemente (hace más de 25 años), cuyas rondas y negociaciones están totalmente empantanadas.

La segunda, más allá de las críticas que hacen los especialistas a estas instituciones multilaterales, lo cierto es que no supieron anticipar los cambios tecnológicos de los últimos 7 años, que han revolucionado la forma de llevar adelante las transacciones comerciales internacionales, tales como, el e-commerce, los sistemas de pagos online, las cryptomonedas, los bancos digitales, etc., que han encontrado en el blockchain el aliado fundamental para el desarrollo seguro de las mismas. Estos cambios deben ser rápidamente asimilados, ya que representan una baja sustancial de costos y tiempos.

En tercer lugar necesitamos trabajar fuertemente para reducir el impacto ambiental de las actividades del comercio internacional de bienes, como la reducción de embalajes, uso de materiales reciclados, destinación final de residuos, nula emisión de gases, utilización de energías renovables, etc. En la misma línea, atender las demanda de consumo socialmente responsable, como el comercio justo, productos del productor al consumidor, luchas contra la trata de persona y el trabajo infantil, huellas verdes, prácticas anticorrupción, migraciones forzadas, guerras, etc. Por supuesto que hay muchos temas más y sobre todo los relacionados con los servicios que no he mencionado en esta exposición, que son sumamente relevantes. Tampoco me he referido a todo los esfuerzos por facilitar y hacer más seguro el comercio. En mi humilde opinión, la pandemia debería ser un punto de partida para atender los tres puntos que he resumido.

En cuanto a lo regional, inevitablemente debemos reflexionar sobre la institucionalidad del MERCOSUR y promover su desarrollo, al margen de las negociaciones que se están llevado acabo con la UE. A pesar de las circunstancias políticas particulares de los socios a lo largo de los sucesivos gobiernos, sus avances y retrocesos en estos casi 30 años de vida, ha sido muy beneficioso desde el punto de vista de creación de comercio. Digo esto sin entrar en discusiones teóricas, lo expreso desde un sentido práctico de un operador de comercio internacional.

Para finalizar, y ahora reflexionando sobre cuestiones locales, creo que es imperioso devolver la autarquía a nuestra Aduana. Una Entidad cuyos objetivos fundacionales y funcionales no deben estar subordinados a una mera Administración Fiscal, y para que una vez normalizada su institucionalidad pueda encarar la modernización que demandan estos tiempos. También sería fundamental para el desarrollo de nuestro país, la creación de un Ministerio de Comercio Internacional en el que aglutinar todas las actividades que hoy se encuentran dispersas en distintos organismos, secretarias, subsecretarias, direcciones y agencias. Donde ninguna de ellas logra tener un peso importante, se superponen funciones y no se tiene una visión estratégica conjunta para enfrentar los nuevos desafíos del comercio mundial. Esto debe tener como consecuencia inmediata una fuerte campaña educativa y una reforma tributaria enfocada a dinamizar el comercio exterior argentino.

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